Thirteen, a bipolar experiece (II)




    Los días pasaban, y el número 13 estaba cada vez más presente. A cada instante que miraba la hora en cualquier reloj, eran las X:13 horas. Iba al gimnasio a las 13:00 horas. Me acostaba siempre a la 1:00 de la madrugada, el correo electrónico me indicaba 13 mensajes sin leer, en multitud de ocasiones. En la televisión pronosticaban 13 grados para mi ciudad. Si buscaba aparcamiento en un centro comercial, en la columna número 13 estaba esperándome un lugar donde aparcar mi coche que, curiosamente, compré un 13 de noviembre de hace 2 años.

Basta. Me dije. Esto no es más que un sinfín de casualidades que en otras circunstancias de mi vida, no le habría dado la más mínima importancia. Pero ahora se la estaba dando. Porque tenía más tiempo libre, porque no estaba centrado en nada, porque estaba cimentando las ruinas de mi propia vida. Con vigas de acero, que podían serrarse con una revista de héroes del metal actual.

La música que escuchaba era acelerada, mi conducción era acelerada, todo se estaba acelerando y los frenos, los frenos chirriaban, estaban desgastándose y cada vez todo iba más rápido. Perdí peso, gané agilidad, mis reflejos estaban a flor de piel, cual superhéroe de Marvel o DC Comics, pero mi sensibilidad alcanzó cotas inimaginables, perdí el control y a la vez tenía que tener control absoluto sobre mí mismo. En cada respiración, en cada latido de mi corazón. Nada era ya automático en mí. Parecía que era libre por fin y sin embargo, me sentía peor que nunca, interiormente. Mis sentidos estaban muy agudizados. La libido se me disparó por las nubes. Físicamente me encontraba mejor que nunca, interiormente estaba hecho un asco. Había telarañas en mis sistemas vasculares, y tomar una Coca Cola Light sin cafeína era simplemente una experiencia muy desagradable, como si algo estuviera desatascando mis arterias y mis venas. Perdí el control, de noche no podía conciliar el sueño, mi imaginación estaba alcanzando un potencial de valores incalculables, me movía agitado de un lado a otro, mi obsesión por el orden era de dimensiones desproporcionadas. Pero… podía parar en cualquier momento, e irme a dormir plácidamente. Pero entonces, me despertaba en multitud de ocasiones. Una de las noches antes de acostarme, no sé ni cómo llegué a una web dónde te invitaban a realizar el test de “Qué superhéroe eres”, lo realicé y el resultado fue, Spiderman. Spiderman, desde niño, mi superhéroe favorito.

  Buen truco el de la web, tan sólo se basaba en una serie de preguntas acerca de las características de personalidad de cada superhéroe. Y fue entonces cuando me pregunté: ¿soy una burda copia de Peter Parker? ¿Dónde está mi verdadero yo? ¿Dónde está mi mente en estos momentos? Aquella noche fue una noche de perros, sentí algo agitándose por todo mi organismo. Mi organismo y mi mente estaban en un estado de descontrol total. Y no sabía que estaba sucediendo. Pero quizás el rayo de luz que entraba justo por el agujero dónde tendrían que haber un tornillo y su respectivo tope de la persiana, al amanecer, me daría esperanzas para que en el nuevo día, las respuestas a las preguntas que empezaba a cuestionarme, me fueran reveladas.

Preguntas, pérdida de control, revelaciones, miedo.

2 comentarios :

  1. Quizás lo que lleves escrito hasta ahora no rellene aún ni 3 páginas... y siento que necesito seguir leyendo más.
    ¿Se puede "enganchar" una persona a un libro que todavía no está escrito?
    Sigue así ;)
    Muaak

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  2. Por supuesto que sí, gracias!!!

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